Comienzan las castañas. Despega Otoño.

De forma sorprendente, a día de hoy, cualquier noche se puede elegir entre tomarse un heladito en una terraza próxima o comerse un cartucho de castañas asadas que, al ser octubre y por tanto otoño, comienzan a florecer por las plazas y viales de Córdoba (y por ende, de las demás ciudades españolas).
Resulta muy bonito y a la vez llamativo el olor de las castañas cuando vas andando, ver el humo del puesto que tienes cerca y ver a esa mujer o familia entera que se dedica a este humilde trabajo desde hace tantos años.

Ni que decir tiene que, ya venden castañas en los distintos supermercados y fruterías para que quien quiera la pueda adquirir, pero si se trata de castañas asadas, sin duda, soy de la opinión de que, para tomarse unas buenas tienes que ir a un puestecillo.
El precio de este año ronda un euro el cartucho (que lleva 6 castañas), cosa que es asequible y no es un precio desorbitado.
¿Y os preguntaréis?, ¿Que tiene la castaña para que esté y sea tan buena?, pues os voy a exponer las cualidades y características que tiene este fruto:
La castaña está formada por hidratos de carbono en un 50%. Ello le convierte en un alimento muy energético ideal para calmar el hambre en los días de frío otoñales. Podríamos pensar que la castaña engorda mucho pero, aún tratándose de un fruto seco es uno de los menos calóricos porque su contenido en grasas es muy bajo y por la gran cantidad de agua que posee. Si las comparamos con las nueces, la diferencia es abismal, ya que estas últimas poseen tres veces más calorias, sólo un 4% de agua, un 60% de grasa y muy poco hidrato de carbono.
Producto de la mala información, muchos productos feculentos, como el trigo, la patata, o el arroz han acumulado muy mala fama en los países occidentales y se han ido sustituyendo los hidratos por grasas. El poder calórico de las grasas es más del doble que el de los hidratos y por lo tanto, comer el mismo peso en grasas que en hidratos engorda el doble en el mejor de los casos.
Por otro lado, las castañas son ricas en carbohidratos complejos los cuales pueden ser absorvidos por el organismo de una manera lenta, de manera que mantienen los niveles de azúcares equilibrados y quitan la sensación de hambre durante mucho tiempo. Un puñadito de castañas asdas o hervidas puede servir de ayuda para evitar comer otros alimentos ricos en grasas, por lo que, comidas con moderación, pueden ser viables en regímenes de adelgazamiento.
Otra característica de las castañas es que son rica en potasio y en vitamina B, que sólo puede asimilarse en su totalidad cuando se comen crudas. Más importante si cabe es su riqueza en potasio y hierro, que ayuda a la controlar la retención de líquidos y favorecer la diurésis. Por su parte el hierro es necesario para la producción de hemoglobina, fundamental en sangre para evitar la anemia.
Como podéis ver, la cocina está repleta de bulos y se le señala a algunos alimentos de algo malo sin tener conocimiento real de ello.
Por esto, os recomiendo que os acerquéis esta misma noche a un puestecito y disfrutéis de las primeras castañas del año, que aunque queda mucho tiempo para poder disfrutarlas, siempre es bueno recibir al otoño con los brazos abiertos.
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